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TURISMO LENTO, COMIDA LENTA, EL MOVIMIENTO "SLOW"
DESEMBARCO EN TRES ARROYOS Y CLAROMECO
Manso y tranquilo
Desde 1989, en que nació en Roma, se viene expandiendo
por el mundo el movimiento slow (lento), que ya abarca varias aristas:
slow food (comida lenta), slow travel (turismo lento) y slow cities (ciudades
lentas). En Tres Arroyos existe un referente del slow travel, y en Dunamar
un restobar recibió la certificación de slow food. Hasta
se dice que, de proponérselo, tramos de la franja costera tresarroyense
podrían convertirse en slow cities. ¿En qué consiste
concretamente la vida slow? ¿Qué ideales persiguen los adherentes?.
¿A qué obedece la aceptación que está teniendo
en el orbe?. "El Periodista" y un informe especial, para ser
leído "manso y tranquilo"
El movimiento slow es la alternativa a los mandatos del
consumo desmedido y la alocada carrera a ninguna parte que la humanidad
enfrenta en estos tiempos globalizados. Esta filosofía, que ha
tenido un fuerte anclaje en el turismo y la gastronomía a nivel
mundial, nació en Roma en 1989 como una forma de oposición
a los sitios de comidas rápidas (fast food). Concretamente, por
iniciativa de Carlo Petrini, un crítico gastronómico, chef
y sociólogo, una multitud de romanos se reunió en la bella
e histórica Piazza di Spagna (Plaza de España) para reivindicar
la comida italiana y los productos autóctonos de su país
ante la apertura de un nuevo local de McDonald's en la capital de la península
itálica. Tras esta protesta surgió el Slow Food Internacional,
una fundación encargada de difundir los principios de la comida
lenta, elaborada artesanalmente, con productos sanos, ecológicos
y autóctonos que se disfruta en un entorno familiar. Esta organización
desalienta por completo el consumo de la denominada comida chatarra y
destaca las virtudes de la lentitud por sobre el vicio de la rapidez.
Su crecimiento ha sido tan importante que en la actualidad dirige la prestigiosa
Universidad Gastronómica de Turín.
El Slow Food Internacional realiza una reunión cada dos años
denominada Terra Madre. En este evento se congregan productores, artesanos,
cocineros y otros adherentes al movimiento de todo el mundo. La última
edición se realizó en Turín en el mes de octubre
de 2006 y contó con la presencia de más de 6000 personas
interesadas en recuperar una calidad de vida que los habitantes del planeta
hemos perdido hace mucho tiempo.
En resumen, el Slow Food pretende ser una referencia para vivir una vida
sin prisas comenzando por la mesa. Su símbolo es el caracol, ya
que este pequeño animal se mueve despacio y degusta con calma su
paso por la vida.
Esta relativamente nueva corriente de pensamiento ha sido también
la impulsora del concepto de Slow Cities, Citta Slow o, en castellano,
Ciudades Lentas. En la práctica se trata de ciudades, pueblos,
barrios o villas en las que sus habitantes se han propuesto seguir una
serie de normas que mejoran sensiblemente la calidad de vida.
Actualmente existen cerca de 100 ciudades slow en el mundo. Para integrar
esta nómina, las localidades deben cumplir con determinados requisitos:
no pueden tener más de 50 mil habitantes, deben implementar restricciones
al tránsito vehicular, incluyendo zonas exclusivamente peatonales,
tienen que generar políticas de infraestructuras respetuosas con
las características de la ciudad y fundamentalmente proteger el
medioambiente. Las Ciudades Lentas salvaguardan los alimentos tradicionales
promoviendo espacios y ocasiones para el contacto directo entre consumidores
y productores. Existen localidades con certificación slow en casi
todo el mundo, pero sólo en Italia ya suman alrededor de 40.
La ciudad slow es, a su vez, la que trae el turismo slow o el slow travel,
que consiste en hacer que las vacaciones sean similares a los veranos
de antaño: turismo lento, sosegado y contemplativo, en localidades
pequeñas, sin ánimo de hacer nada más que integrarse
en el lugar y vivir como los locales del destino visitado, recrearse con
el modo de vida del lugar y el entorno. A diferencia del concepto turístico
imperante hace años, que propicia las recorridas por decenas de
lugares con prisa y sin pausa, los turistas slow son personas que buscan
compartir un espacio con sus pobladores y tomar contacto con la cultura
del lugar.
Adeptos en Tres Arroyos
"Me interesé en el turismo slow y tomé contacto con
una representante de esta corriente en Mar del Plata. Se trata de María
Larsen, quien estuvo en Tres Arroyos ofreciendo sus conocimientos sobre
el tema en una charla dictada en la Biblioteca Sarmiento. A partir de
esto, ella me designó como representante del movimiento slow en
Tres Arroyos", dijo el ex Director de Turismo, Nicolás Sabatini,
a "El Periodista".
Sabatini piensa que gran parte del turismo tradicional se ha olvidado
de la gente haciendo prevalecer "el paquete o el aspecto económico
y dejando en segundo plano a las personas, que somos la verdadera esencia
de la actividad". Por ello, el ex funcionario se ha interesado mucho
en todo lo que rodea al movimiento slow, creyendo que tal propuesta es
perfectamente practicable en algunos sectores de nuestro partido.
Con el propósito de difundir la filosofía gastronómica
y turística slow, el ex profesor desarrolló un sitio web
(www.tresarroyosslow.com.ar)
en el cual se puede hallar valiosa y amplia información relacionada
con el tema y estableció la sede local del movimiento en la Biblioteca
Sarmiento.
Para el ex Director de Turismo del municipio de Tres Arroyos, nuestro
distrito posee una amplia franja costera de unos 100 kilómetros
de extensión que casi en su totalidad podría ser aprovechada
para desarrollar esta modalidad turística que en Europa, Canadá
y los EE.UU. está creciendo de manera considerable. Sabatini entiende
que desde Dunamar hasta Reta y desde el Médano 40 en Orense hasta
el Arroyo Cristiano Muerto es posible alentar la práctica del turismo
slow. Lógicamente, para poder acreditar a Dunamar o cualquier otro
punto de nuestra costa como Citta Slow debe darse un consenso de la comunidad
en este sentido.
"El tiempo de ocio es algo absolutamente propio de las personas y
no debe ser manipulado. La forma actual de practicar turismo manipula
el tiempo libre de la gente. Esto es así hace mucho tiempo porque
existe una gimnasia en este sentido", explicó Nicolás.
A la hora de responder de qué forma se podrían crear espacios
destinados al creciente número de slows travelers que hay en el
mundo, Sabatini mencionó que "si en Dunamar, por ejemplo,
se incorpora de manera más fuerte la idea de la cultura receptiva,
se anexa el slow food y se integra un corredor histórico, arquitectónico,
patrimonial y de interpretación de la naturaleza se estaría
en condiciones de atraer viajeros lentos".
En cuanto al balneario Reta, sus características y el tipo de turismo
que lo ha elegido, gente que proviene principalmente de lugares muy contaminados
por la cultura moderna, lo convierten en un escenario ideal para la práctica
del turismo slow. Además, el Río Quequén cuenta con
atractivos históricos y paisajísticos inigualables que también
serían de sumo interés para los slow travelers (viajeros
lentos).
El turista slow hace uso libremente de su tiempo, no se deja llevar por
imposiciones comerciales y se dedica a contemplar el entorno en su totalidad,
a integrarse a la comunidad en la que se encuentra, investiga sobre la
cultura del sitio, degusta las comidas propias del lugar y permanece varios
días en el sitio escogido. Por su parte, los habitantes de una
ciudad lenta ejercen lo que Sabatini denomina "la artesanía
del trato", que consiste en recibir a gente de otra comunidad admitiéndola
como propia.
El turismo slow pone toda su atención en el hecho de compartir
un lugar, de crear lazos con la gente, sus costumbres y el entorno, de
ahí su éxito en Europa, Canadá, EE.UU. y en todos
aquellos sitios en los que la despersonalización ha alcanzado niveles
alarmantes. "Todos los que hemos viajado conservamos siempre el recuerdo
de una persona que conocimos en el viaje. Ya sea porque nos brindó
ayuda o tuvo un gesto de amabilidad, siempre hay una persona que fue importantísima
en el viaje. Esto es lo que demuestra que nosotros somos los actores principales
de la actividad turística. Esa es la clave del movimiento slow,
los protagonistas somos las personas", finalizó el ex funcionario
comunal.
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Slow food en Dunamar
El restobar "Frida" en Dunamar, propiedad
de Javier Carlomagno y Marcelo Barcala, es un sitio que comenzó
su andadura comercial esta temporada y es el único lugar
de comidas de nuestro distrito que cuenta con la certificación
Slow Food.
En realidad, esta nueva faceta no es novedosa para Carlomagno, ya
que desde hace varios años es guía en diferentes propuestas
de turismo ecológico o ecoturismo, una variante no muy distinta
del movimiento slow.
"Nosotros asistimos a las charlas que dio en Tres Arroyos la
presidenta del slow food de Mar del Plata y nos adherimos al movimiento
slow. Por otro lado, desde que pensamos este negocio siempre dije
que quería crear un lugar en el cual la gente pudiera quedarse
sentada charlando, sin el apuro de tener que irse porque hay gente
haciendo cola afuera o porque uno estuviera controlando que las
mesas estén ocupadas sólo durante una determinada
cantidad de tiempo. Lo que quisimos hacer es homenajear el encuentro
de amigos", explicó Javier a "El Periodista"
El comerciante resaltó que para lograr esta idea se tuvieron
en cuenta varios detalles, como por ejemplo la construcción
de sillas cómodas para que la gente goce del estar sentada
y permanezca en el local. El sitio dispone además de material
de lectura, se hacen exposiciones de arte y su cocina ofrece un
menú variado elaborado con productos frescos que se preparan
en el momento. "En la cocina queremos que haya platos vegetarianos
y comidas carnívoras, además hacemos hincapié
en el producto típico del lugar, que es el pescado".
Como el sitio encaja en la denominación de restobar, su horario
de atención es amplio, de hecho permanece abierto de forma
continuada desde el mediodía hasta pasada la medianoche,
lo que les permite, entre otras cosas, ofrecer picadas con productos
del lugar. "Tenemos picadas de pollo o pescado al escabeche.
Acá no vas a encontrar ninguna clase de snacks", señaló
Carlomagno.
En el sitio también suelen presentarse músicos, aunque
se seleccionan propuestas que vayan de acuerdo con el estilo slow.
Por otra parte, el comerciante continúa con su antigua propuesta
de turismo ecológico. En este sentido realiza caminatas fotográficas
y paseos diurnos y nocturnos por el bosque de Dunamar y algunos
puntos de la costa, como el Salto de Christian o el Caracolero.
"La idea de las caminatas fotográficas es que la gente,
independientemente de la cámara que tengan, puedan obtener
ellos mismos las postales del lugar. Así es como recorremos
los sitios clave de la localidad y vamos compartiendo historias
o simplemente conversando de cualquier cosa. Y los paseos sin cámara
los hacemos entre febrero y diciembre porque en enero no hay tiempo,
además hay tanta gente que no es posible disfrutar plenamente
de la calma del lugar. Tampoco hacemos estos paseos los fines de
semana en los que hay mucha gente por lo mismo que comentaba antes.
Las caminatas nocturnas, por ejemplo, las hacemos cuando hay luna
llena y no llevamos nada para alumbrarnos".
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La filosofía de los viajeros lentos
1) Elegir una zona
limitada, que no sea muy grande, de una región.
2) Permanecer por lo menos una semana
en el destino elegido.
3) Escoger alojamientos pequeños,
refugios, hoteles de pocas habitaciones, casas particulares o casas
rurales, posadas, hostales.
4) Frecuentar los mismos lugares
para conocer y tener contacto con la gente del lugar, comprar en
las mismas tiendas donde va la gente del sitio.
5) Evitar tener que desplazarse en
coche en la medida de lo posible. A pie se tiene un mayor contacto
con la gente y el lugar.
6) Llevar menos guías turísticas
y más libros para entregarse al placer de la lectura.
7) Dejar la cámara fotográfica
en casa y contemplar o dibujar los sitios en un cuaderno de viaje.
8) Hacer picnic y evitar comer cada
día en un restaurante.
9) Pasear, montar en bici, aprender
el idioma o apuntarse a clases de cocina, de pintura, de escultura
o de baile.
10) Dejarse llevar por el pensamiento
de no hacer nada para desconectar por completo de la rutina diaria.
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