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CON MARCA PROPIA, UNA TRESARROYENSE DISEÑA,
FABRICA Y VENDE PRENDAS PARA LA FAMOSA MUÑECA "BARBIE"
Esa rubia debilidad
Empezó en su casa, como un hobby, haciéndole
un vestido a la muñeca de su hija. Hoy, aquel pasatiempo se convirtió
en una empresa que diseña, fabrica y comercializa ropa pensada
exclusivamente para muñecas Barbie, y que tiene marca propia, "Luna
Mía". Solo para dar una idea de la dimensión del negocio,
en 2007 y en todo el país, vendió alrededor de 40 mil prendas.
La línea, que se renueva por temporadas, incluye tapados con estolas
de piel, vestidos coloridos con accesorios, zapatos haciendo juego y hasta
sweaters de lana para Ken, el novio. "El Periodista", en exclusiva,
trae la historia de un emprendimiento increíble
"Esto va a ser mi futuro, con esto me voy
a comprar la casa", le dijo Carolina García a su marido mientras
cosía ropita a escala. Alejandro se mostró escéptico,
pero la dejó hacer. Lo que al principio había sido un despliegue
de telas y volados en toda la casa se convirtió en una marca registrada
y un emprendimiento familiar que fue cobrando mayores dimensiones y expandiéndose
hasta alcanzar mercados de distintos puntos del país. Aún
no lograron comprarse la casa, pero la empresa está sólida
y en marcha, produciendo 40 mil prendas al año, pensadas especialmente
para la muñeca de juguete más famosa y vendida del mundo.
Los inicios se remontan un par de años atrás, cuando supieron
convertir una crisis en una oportunidad y una oportunidad en un sueño
que parecía inalcanzable: instalar su propia juguetería
en la ciudad, una meta que lograron concretar en mayo del año pasado.
Corría el año 2001 cuando ambos trabajaban en una gráfica
cuyo fuerte era la serigrafía y cartelería. Como a todos,
los avatares del país y la crisis económica que arrasó
con los emprendimientos los obligó a buscar nuevos rumbos. "Teníamos
una duplicadora, hacíamos serigrafía. Cuando vimos que empezó
la malaria y no había mucho trabajo en el taller ella decidió
irse con los chicos a casa. Y como no podía estar sin hacer nada
se puso a diseñarle a la nena vestidos para la muñeca. Un
día llego a casa y había un despelote de telas. Le dije
que parara con eso y ella me dice ´no, esto va a ser mi futuro,
con esto me voy a comprar la casa´. No le creí", contó
Alejandro, que tiempo después tuvo que rendirse ante las evidencias.
Al principio había sido nada más que un vestido para la
muñeca Barbie de su hija Luna. De ahí surgieron faldas,
trajes de fiesta y diseños exclusivos para la rubia de medidas
perfectas. De un pedazo de tela salían cuatro o cinco prendas que
regalaba a las amigas de la nena, hasta que proyectó un poco más
allá. Terminó un par de modelos, los armó y decidió
salir a venderlos. Primero fueron algunos kioscos y jugueterías
de la ciudad, que le dieron la pauta que podía ir por más.
Se vendieron como agua, y entonces pudo pensar en dar otro paso. "Le
dije si vendemos acá, podemos venderlos en todos lados", mencionó
él. Con algunos vestidos confeccionados, aprovechó uno de
sus habituales viajes a Bahía Blanca a ofrecer cartelería
para visitar con un catálogo a un mayorista. "Nos compró
dos exhibidores, eran 24 vestidos cada exhibidor. Entonces pensé
que si vendíamos en Bahía, íbamos a vender en todos
lados". Haciendo de cada paso una meta y de cada meta un nuevo paso,
a principios del 2002 partieron rumbo a Buenos Aires sin itinerario fijo.
Desembarcaron en el barrio de Once dispuestos a golpear puertas para ofrecer
los vestidos. La respuesta no se hizo esperar. Dieron con un mayorista
que les encargó 800 prendas que, para el momento, "era una
fortuna".
Trabajando de sol a sol, cumplió el pedido ella sola, cosiendo
cincuenta vestidos por día. Convencidos que el proyecto marchaba
por buena senda, era hora de ampliarse y decidieron incorporar costureras
para cumplir los compromisos que se iban acumulando.
Una visita a una distribuidora de Mar del Plata les dio mayor envión
para su negocio. La demanda fue inesperada y significó un avance
en su emprendimiento y un giro en su vida.
"Los padres de ella están en Mar del Plata y yo cada viaje
que hacía vendiendo cartelería de la gráfica llevaba
un muestrario de vestidos. Un día, entregando unos carteles, fui
a un distribuidor a llevarle el catálogo que tenía seis
modelos de vestidos. Me dijo que me iba a comprar 300 prendas. Pero entonces,
al ser poca cantidad, le pedí el dinero por adelantado. Entonces
me aclaró que quería 300, pero de cada modelo. Ahí
empezó otra vida. Tuvimos que venir, buscar empleadas, empezar
a vender y lo mejor de todo es que nos aseguramos la reposición",
contó Alejandro, que fue dejando la actividad de la gráfica
a medida que los vestidos se iban posicionando.
Lo que empezó como un hobby terminó impulsando con éxito
una pequeña empresa en expansión. A cada lugar donde él
iba a ofrecer los productos de la gráfica llevaba un muestrario
de vestidos. Así incorporaron mercados en distintos puntos del
país. Y pudieron tomarse sus primeras vacaciones gracias a las
mini prendas. "Una vez fuimos a un casamiento al sur, cargamos vestidos
y los vendimos. Después seguimos para Bariloche. Eran nuestras
primeras vacaciones, que se extendían hasta que nos alcanzaran
los vestidos. Fuimos a Neuquén, vendimos, y así en todos
lados que íbamos. Después llegó el momento en que
los vestidos superaron a la gráfica y empezamos a desatender ese
rubro. Iba con el muestrario nada más y eran tan lindos que nos
compraban todos", comenta él, mientras ella extiende sobre
el mostrador vestidos de ensueño, envueltos cuidadosamente en bolsitas
individuales. Hay tapados con estolas de piel, vestidos coloridos con
accesorios, zapatos haciendo juego y hasta sweaters de lana para Ken,
la eterna pareja de la muñeca más famosa.
Haciendo honor al nombre de su hija, su marca registrada se bautizó
"Luna Mía". En una época también diseñó
muebles de madera para las Barbies, pero el costo y el tiempo que demandaba
el trabajo postergaron esa producción al menos por un tiempo. Los
vestidos los confecciona en un pequeño taller, donde corta las
telas, diseña y distribuye las tareas entre sus colaboradoras,
que le entregan el trabajo terminado para que ajuste los detalles y prepare
los pedidos. "Cuando se te hace más grande el negocio precisas
más gente para trabajar. Entonces siempre tengo mis quince chicas
que me cosen y yo tercerizo. Hago los diseños y los moldes. Y tengo
chicas que me hacen los tejidos y accesorios. Antes cortaba todo a mano,
ahora tengo otros métodos", cuenta Carolina.
Cada temporada modifica las tendencias de la moda con modelos innovadores:
minifaldas, bikinis, equipos deportivos, camisones con pantuflas, vestidos
minimalistas con detalles estampados en serigrafía. "Al principio
la Barbie traía solamente vestidos comunes, entonces empecé
a hacer vestidos de fiesta y de princesa. Hoy hay vestidos de princesa
y la fashion, una línea moderna con diferentes modelos actuales",
menciona la creadora.
Por semana confeccionan cerca de mil vestidos y el año pasado vendieron
40 mil. Una cifra que no hubiera imaginado el día que cosió
el primer vestido para la Barbie de Luna. Por la creatividad en sus diseños,
en poco tiempo logró que su empresa se expandiera, y de su mano
llegó uno de sus anhelos: "El objetivo que tenía lo
logré, que era poner una juguetería y vivir de lo que me
gusta. Por eso mis expectativas están más que superadas.
Por ahí me queda algún que otro sueño, como el de
comprar mi casa, pero ya lo voy a lograr", concluyó.
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