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POR PRIMERA VEZ UNA ENFERMEDAD PUSO EN JAQUE A TRES ARROYOS
Yo, la peor de todas
Por primera vez en su larga vida una enfermedad paralizó a Tres Arroyos y puso en jaque a sus habitantes. La gripe A golpeó en el cuerpo, en la mente y en el bolsillo. Juntos, autoridades y pobladores hicieron frente a un enemigo desconocido en los días en que vivimos en peligro. Y como sucede casi siempre, también hubo tresarroyenses en la primera línea de fuego a nivel nacional. “El Periodista” y un exclusivo dossier de investigación, para leer y guardar como documento histórico
04/08/2009
Claudia Cittadino dirige el área de Atención Primaria de la Salud de la Municipalidad de Tres Arroyos, pero además cuando le suena el teléfono móvil es madre y tiene que ocuparse de cuestiones relativas al viaje de egresados de su hija. “Hay que ensamblar todo, para que nada se te escape de las manos”, admitió entrevistada por “El Periodista”, quien no dudó en confesar que hasta hoy “convive” con la Gripe A. Como integrante del Comité de Emergencia y referente en materia de salud pública, hizo el seguimiento de los 23 casos que hasta hoy se conocen. “Todos leves, afortunadamente. Ninguno estuvo en peligro, e inclusive de los que resultaron positivos, ninguno estuvo internado”, dijo, no sin cierto alivio. Porque vivió, junto al resto de los profesionales, técnicos y paramédicos que abordaron la atención de los pacientes, momentos duros, complicados. “Especialmente la evolución de esta chica que falleció, a la que finalmente el análisis le dio resultado negativo”, recordó. El primer caso fue el que, de alguna manera, abrió el fuego y obligó al comité a poner toda la carne al asador. “Compartimos el seguimiento con la médica de cabecera, pero el paciente evolucionó bien, todo el tiempo en su casa y sin complicaciones”, destacó la profesional. De todas maneras, el baile con la influenza recién empezaba y todavía quedaba por aquellos días un largo camino por recorrer.
Los inicios
Profesionales de la salud pública y privada en Tres Arroyos ya habían evaluado la posibilidad de encarar en conjunto acciones contra la aparición de determinadas problemáticas, cuando se conoció el avance de casos de dengue en otros puntos del país. “Ya entonces nos habíamos dado cuenta de la importancia de estar todos juntos para tomar decisiones, evaluar la información, asesorar al intendente como se haría después con el tema del cierre de locales y la elaboración de los decretos. Precisamente por la importancia de estas medidas, que afectan a muchos intereses en juego, es fundamental contar no sólo con lo que uno ve, sino con el respaldo científico que permite fundamentarlas. Desde aquel momento del dengue pensamos que era importante el trabajo coordinado, y cuando apareció lo de la gripe, justamente la Clínica Hispano, donde funciona un Comité de Enfermedades Infecciosas, nos invitó a una de sus reuniones y así surgió la idea de hacer algo mucho más ampliado, uniendo lo público y lo privado con la Secretaría de Salud como lugar de toma de decisiones para la salud de Tres Arroyos, pero avalada y sostenida por un comité que pudiera asesorar”, puntualizó Claudia Cittadino acerca de los primeros pasos que se dieron para unir voluntades públicas y privadas. Algo que siempre se reclama para distintos aspectos del desarrollo comunitario, pero no siempre es sencillo de lograr. “Es cierto, no resulta sencillo amalgamar lo público y lo privado. En este caso, además, es indispensable aunar criterios, lograr que haya un solo discurso”, admitió la funcionaria. Finalmente, el Comité de Emergencia comenzó a andar solo, integrado por profesionales de la medicina a los que después se sumaron laboratorios, autoridades de Inspección en Educación y del Consejo Escolar, entre otras.
Perfiles
Fue mucha, y muy diversa, la información que circuló sobre la patología, e inclusive la decodificación de tantos datos –sobre todo por la profusión que aparecía en los medios de comunicación-, fue compleja hasta para los propios profesionales. En toda esa marea informativa, surgió en algún momento que el virus afectaba casi de manera excluyente a adolescentes y adultos de edad media. Sin embargo, en Tres Arroyos, Cittadino encontró una gripe que no reconocía muchos parámetros. “Cuando se conocieron los primeros casos de adolescentes en Buenos Aires, que obligaron a comenzar con la suspensión de clases, pensamos que la enfermedad se iba a transmitir como una gripe común y corriente, que empieza con el chico en la escuela, él a su vez la lleva a su casa, y el adulto continúa esa cadena. No ocurrió eso aquí, no vimos grupos etarios marcados como los adolescentes, fue más variado. Hubo desde chicos hasta adultos”, señaló.
Contentos, pero…
Integrado por gente que debe, al mismo tiempo, continuar ocupándose de otras cuestiones cotidianas y hacerle frente a un virus que fue sembrando muertes en distintos puntos del país y del mundo, el Comité de Emergencia puede hoy, después de algo más de un mes de trabajo, decir que las cosas salieron bien. “No podemos decir que estamos contentos porque trabajamos en una pandemia. Pero los resultados nos han complacido, porque vemos que todo el mundo, los colegas, la gente no médica que recibió con mucho interés la capacitación, todos han valorado el trabajo y han hecho su aporte”, consideró Cittadino. Lo más complejo, fuera de lo estrictamente vinculado al abordaje de los casos que fueron apareciendo –ninguno de gravedad, como ya se dijo-, fue el manejo de la información y su transmisión a todos los sectores, tanto los involucrados de manera directa con el tema, como el resto de la comunidad expectante. “Es que por momentos, había información superpuesta entre Nación y Provincia y no siempre coincidente, incluso aparecían hasta contradicciones en el mismo nivel, de manera que era necesario tomar eso, adaptarlo a la realidad de Tres Arroyos y salir, sobre todo, con una normativa común, porque es fundamental que en estos casos quienes deben ocuparse tanto de la prevención como de la atención y el seguimiento cuenten con normas concretas a seguir. Eso se logró, y creo que es un adelanto muy importante no sólo para la gripe A”, advirtió la entrevistada.
Un equipo de primera
Haber conseguido esta exitosa comunión, de hecho, está impulsando ahora a los integrantes del Comité a evaluar futuros trabajos conjuntos en otras problemáticas, como el HIV por ejemplo. “Sería interesante que la aparición de otros problemas, o quizá algunos que ya existen pero no son abordados de esta manera, nos encuentren trabajando a todos juntos en la toma de decisiones. Estar ahí escuchando al doctor Jorge Calabrese, que es un especialista de primer nivel, un referente al que se invita permanentemente de otros lugares como profesional de consulta, y que está siempre actualizado; también al doctor Héctor Luppino, un médico muy destacado; el doctor Juan Pablo Tellmann, otro profesional de gran nivel, es una experiencia muy valiosa para todos nosotros y tendríamos que seguir aprovechándola”, apuntó. En este aspecto, Claudia Cittadino valoró el trabajo de quienes lograron demostrar que es posible, más allá del folclore popular que propicia la consulta “afuera” cuando se trata de resolver una problemática de la salud que no es habitual, concretar una intervención exitosa para frenar el avance de una patología hasta ahora desconocida y posibilitar el mejor tratamiento para quienes la padecen. “Las complicaciones están descriptas, las malas evoluciones también, de manera que el peligro está ahí, y no depende a veces de la estrategia que se despliegue para evitarlo sino de la propia enfermedad. Pero realmente, al día de hoy podemos decir que las cosas vienen saliendo bien”, aseguró. También es importante reconocer, destacó la funcionaria, el trabajo cotidiano de quienes contribuyeron desde otros sectores vinculados a la problemática. “Enfermeros, asistentes sociales, personal del Hospital y de las clínicas han hecho un trabajo invalorable. Porque lo importante es que todo el mundo recibió el mismo trato, desde quien acudió a una clínica hasta quien concurrió al Hospital o a la sala de un barrio. Se hizo seguimiento telefónico; donde no se pudo acudió la ambulancia, o una asistente social, que incluso en plena noche fue a la casa de una paciente embarazada de la que no lográbamos tener noticias. Todos trabajaron en conjunto para evitar las complicaciones y, si surgían, actuar a tiempo. Y en eso contribuyeron todos”, determinó.
Poner el cuerpo
En los inicios del brote de gripe, el intendente Carlos Sánchez decretó la disponibilidad de todo el personal vinculado al área de Salud y Acción Social y así médicos, enfermeros, asistentes sociales y demás pasaron a formar parte de una reingeniería de recursos humanos diseñada especialmente para enfrentar la enfermedad. Era necesario poner el cuerpo, frente al virus y también ante la posibilidad concreta de largas jornadas de trabajo en las que las consultas por síntomas gripales se multiplicaron por cientos, y en directa proporción creció la preocupación -casi rayana en la paranoia-, de la gente. “Todo el mundo sabía que la atención no tenía hora de finalización. Se abrieron dos teléfonos de guardia para evacuar consultas a través de las asistentes sociales, dos de ellas se llevaban cada uno de los teléfonos por día; tuvimos feriados, sábados y domingos con consultorios abiertos; la farmacia del Hospital abrió fuera de sus horarios habituales, ya que la entrega del medicamento Oseltamivir se concentró allí, y podía ocurrir que algún paciente llegara con la receta desde una clínica y obviamente no podía esperar hasta el día siguiente. Los médicos que hicieron los hisopados trabajaron muchísimo, las enfermeras, las mucamas; la Unidad de Terapia Intensiva, donde se dispuso una cama para esperar a posibles pacientes complicados, todos hicieron un trabajo muy arduo. Y si bien viví más de cerca lo del Hospital, sé que en los centros privados se hizo exactamente lo mismo, de manera que esto que estamos viendo hoy es el resultado del trabajo que se hizo”, puntualizó Cittadino.
La gente
Otra preocupación especial de los equipos de salud fue, además de brindar respuestas a la enfermedad instalada o bien a los casos sospechosos, contener la angustia de la gente e intentar que se cumplieran las medidas preventivas. “Sobre todo porque en los primeros días hubo un bombardeo, a través de los medios de comunicación nacionales, que realmente nos preocupaba a nosotros mismos porque la situación era caótica. Aquel fin de semana de las elecciones había tanta información que había que escucharla, zarandearla y después recién sacar lo que realmente era útil. En ese fin de semana fue cuando más preocupación y temor percibimos en la gente. Acudían a las guardias, con los chiquitos, ante el menor resfrío o una línea de fiebre”, describió la profesional. Era necesario tomar medidas, especialmente porque por aquellos días entrar a una sala de espera era ver a una persona toser, a otra con un pañuelo en la mano, otra con fiebre, y esa convivencia podía multiplicar el contagio. “Allí quisimos introducir una bisagra y realmente frenar la posibilidad de que la enfermedad se multiplique. La gente fue entendiéndolo; es cierto que en medicina dos más dos no es siempre cuatro, pero la aparición de la tabla que comparaba una gripe común con la influenza A en términos de síntomas fue muy importante para que acudieran a los consultorios quienes realmente tenían la necesidad de hacerlo”, explicó Cittadino. La contribución de la prensa local en la difusión de las medidas preventivas, y el consenso obtenido por el Comité en torno a los cuidados básicos que era preciso recomendar, hicieron que con el correr de los días aquel caos primigenio fuera cambiando. “De pronto empezamos a encontrarnos con profesionales que nos decían que se habían vaciado las salas de espera. Y eso fue muy importante, porque significaba que las recomendaciones daban resultado, y que la gente optaba por quedarse en su casa, aislarse y cuidarse ante un síntoma de gripe, actuando con responsabilidad frente a la posibilidad de contagiar a otros”, consideró. En este sentido, Cittadino defendió la medida de cierre de locales de esparcimiento que, como se sabe, generó algunas resistencias. “Yo creo que el cierre de las escuelas fue fundamental, y aunque no todo el mundo lo tomó bien, lo de las confiterías, restaurantes y boliches fue muy importante para frenar la propagación del virus. Hay que destacar que fueron los chicos quizá los más conscientes, porque en varios ambientes que frecuento por mi profesión –y también en mi propia familia-, se notó la disposición de los chicos para con la prevención. Era muy satisfactorio verlos enseñar a estornudar o toser cubriéndose con el codo, o despreocupados realmente por no poder ir a bailar. Quizá alguien se pregunte si era necesario más tiempo de cierre. Pero puedo decir que esos tres días fueron decisivos, porque la transmisión se cortó. Este virus tiene una gran transmisibilidad, y eso realmente se pudo frenar. Y es cierto que hubo un casamiento, alguna fiesta privada, pero la verdad es que uno no puede avanzar sobre las libertades individuales. De alguna manera el cierre de locales fue una medida que avanzó sobre eso, pero la decisión fue buena. Y ahora lo vemos más claro”, aseveró. ”Creo que la gente, en general, tomó bien las medidas preventivas y el trabajo del Comité de Emergencia. Y es fundamental mantenerlas, porque esta enfermedad no tiene fecha de finalización. De todas maneras, los tresarroyenses entendieron que intentamos, desde el principio, cuidar la salud de la población y no quedar en la foto para el afiche o la televisión”, concluyó Claudia Cittadino.
ZONA DE RIESGO
La labor de los que le pusieron el cuerpo al virus
Ningún paciente positivo para el H1N1 requirió internación. De manera que para seguir su evolución favoreciendo el aislamiento y sin congestionar las salas de atención médica, se dispuso un interesante método de seguimiento: el teléfono. Pero resulta que no siempre fue bien recibido. Las asistentes sociales fueron las que, por turnos, tuvieron a su cargo la tarea de seguir por vía telefónica los más de cien casos que resultaban sospechosos y que, por esa razón, era necesario monitorear cotidianamente para no tener sobresaltos. Parece fácil, sin embargo hacer un llamado diario –y en algún caso, más de uno-, a más de cien personas e interrogarlas en base a indicadores acerca de su salud, resultó una ardua tarea. Además, cada llamado requería la anotación y evaluación de las respuestas, la consulta con algún médico si había anomalías y, si éste lo determinaba, la coordinación del envío de una ambulancia para la asistencia del paciente. Todo eso hacía que determinadas franjas horarias resultaran insuficientes y más de uno fue sorprendido en plena siesta. La reacción se hizo sentir, y hay varias anécdotas al respecto –que se mantienen, no obstante, en la misma reserva que se dio a los casos positivos-.
Reingeniería
La necesidad de respuestas a un número inusual de consultas por patologías gripales en el Hospital y las salas obligó a la Secretaría de Salud y Acción Social y a la dirección del nosocomio a efectuar un trabajo de reingeniería de los recursos humanos para enfrentar el desafío. Y ni siquiera pudieron contar de entrada con la planta profesional completa, porque varios médicos formaban parte ya de la ola de estados gripales que venía anticipándose a la aparición de los primeros casos de influenza A, y fueron rápidamente enviados a sus casas. De manera que durante el mes que vivimos en peligro, no fue raro ver a cirujanos, urólogos y otros especialistas jerarquizados atendiendo la guardia general del Pirovano. Porque lo cierto es que la aparición de la inesperada Gripe A no implicó la reducción de otras patologías, o la necesidad de atender a víctimas de accidentes de tránsito o problemas que diariamente obligan a acudir al área de Emergencias. Mientras tanto, clínicos, residentes supervisados por un médico y otros especialistas se volcaron a la atención de los consultorios de gripe con las consecuencias previsibles: varios de ellos terminaron “de cama”, en sentido absolutamente literal.
El peso de un secreto
Cursaba un embarazo cuando se enfermó de gripe y, ante la virulencia de los síntomas, su familia le aconsejó consultar. Lo hizo, y el resultado fue positivo al virus H1N1. Detalles más o menos, es la historia de uno de los casos detectados en Tres Arroyos y que motivó la preocupación de los profesionales ya que las embarazadas se constituyeron, en esta pandemia, en un grupo de especial riesgo. La familia lo sabía, pero al parecer había tomado la decisión de ocultárselo a la mujer para no preocuparla y que su estado pudiera agravarse por esta razón. Pero la afectada, cuando los síntomas cedieron, retomó su vida normal o al menos estaba en camino de hacerlo sin medir, ante el desconocimiento, los riesgos para ella misma y para quienes se vinculaban diariamente con ella. Allí hubo, al menos desde lo ético, un pequeño enfrentamiento entre el secreto profesional (que sólo la familia podía develar) y la necesidad –planteada por una trabajadora social-, de que se cumpliera con la premisa de frenar cualquier posibilidad de contagio. Finalmente se zanjó la cuestión, la embarazada fue informada acerca de su situación y completó una buena evolución como el resto de los casos detectados hasta el momento.
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